
se quedó en tierra, mirando perpleja el espectáculo decadente de aquella rayuela diseñada por alguien que nada sabía de los niños y sus piernas cortas, colocando ese 2 y ese 9 en el lugar que no les corresponde, confundiendolos y obligándolos a quedarse en tierra sin conseguir ese placer enorme que da poner los pies en el cielo.
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